El arte de la paciencia

12 abril, 2008

LA PRISIÓN DEL YO

Estaba atormentado haciéndose preguntas que sólo trataba de resolver con el intelecto, y así no hacía más que llegar a un desesperante callejón sin salida. Iba a enfermar de angustia existencial y le fue recomendado un sabio con el que consultar. Fue a verlo. Le preguntó:

– Sabio, ¿qué es el yo?
El sabio estalló en una sonora carcajada y después le dijo:
– ¿Y para qué quieres un yo?

Comentario

La mente pequeña se consolida y fija en el pequeño yo, el ego, que es la identificación con el cuerpo, las tendencias mentales, la imagen y la máscara de la personalidad; la mente grande o iluminada está en el Ser, más allá del mórbido egocentrismo y todas sus tendencias egoístas y personalistas. Pero en tanto no logramos un estadio muy elevado de realización, el ser humano se aferra a su pequeño ego y a su esclerótica personalidad de un modo desesperado, y así no dispone de una visión suficientemente despejada para ver lo que hay más allá del angosto escenario de la mente condicionada. Cuando se hace meditación profunda, la persona va retirándose de sus tendencias egocéntricas y va conectando con la raíz de su mente, donde el ego como tal se debilita y la persona está mas en el ser que en el «soy esto» o «soy aquello». Esa experiencia desnuda de ser nos limpia la mente de condicionamientos o deja que la fuerza de los mismos vaya agotándose mediante el poder de la ecuanimidad.

El arte de la pacienciaRamiro A. Calle

→ Post relacionado: Con paciencia y saliva…

¿Qué le has dicho…?

7 octubre, 2007

Hoy he tenido una de esas visiones, que no recomiendo nada tener a partir de ciertas edades, en la que he recordado una de las conversaciones más absurdas de toda mi existencia como mortal, en esta vida y en otras muchas más venideras.

De pronto, no sé por qué motivo, me vi a mí misma reviviendo una de esas escenas de mi adolescencia más profunda, en la que todo el mundo era unicejo, tenía la cara llena de granos, y el peinarse por detrás no iba contigo. En la escena eramos unas cuantas cotorras reunidas y algunos críos-lapa, que son esos pequeñajos con churretes que por alguna razón te siguen a todas partes. El caso es que yo intervenía en una conversación que comenzaba más o menos así:

– tía¡, qué te ha dicho?.
– pues lo que tú dijiste que diría.
– ¿pero tú qué le has dicho?.
– ¡lo que tú me dijiste que le dijera, tía!.
– pero, ¿cómo se los has dicho?, a ver…
– pues como tú me dijiste que se lo dijera, joé¡.
– pero ¿tú se lo has dicho todo?.
– pues claro tía, yo le dicho, ira te tengo que decir una cosa, y se lo he dicho , tal y como tú me dijiste que se lo dijera y ya te dicho lo que me ha contestao. ¡que ya está dicho, tía, que ya no digo más !.

Era el momento preciso de girarte hacia los pequeños churretosos y decirle a alguno: Quillo, ven pacá¡, ¿quieres hacerme un favor?. Podrías ser mi crío-lapa favorito y además tengo canicas… Recuerdo esa época como libre de preocupaciones, retozaba salvaje en contacto con la naturaleza; lo más aburrido del día era soñar despierta. Que pequeña es la infancia. Cuánto tiempo tiene que pasar para darte cuenta de lo que realmente eres y por qué estás vivo. Aunque bueno, hay que reconocer, lo bien que conjugábamos los verbos, será que a todo hay que aprender, practicando.

Presuntos culpables

29 septiembre, 2007

¿Por qué no llamamos a las cosas por su nombre, por qué todo es tan presunto?. No entiendo muy bien esta palabra.

No deberíamos decir, que un hombre abusó de una niña de 5 años si éste le ha desgarrado la vagina, ni llamar homocida al que mató a otro apuñalándolo 37 veces;  y ni siquiera coloquialmente camello [que es un animal], al que vende droga adulterada capaz de matarte. Si violas eres un violador, si matas eres un asesino, si robas, un ladrón; si vendes droga eres un traficante… y así, una infinidad de maldades ¿por qué no reconocer lo que es evidente?.

La palabra presunto, creo que es una buena forma de difuminar visualmente los auténticos titulares de la realidad, para no mostrar lo que de verdad somos y en lo que nos convertirmos; lo que nos da miedo mirar, a nosotros mismos sin fachada. Una sociedad en decadencia, casi sin conciencia y que se revuelca todos los días en su mierda. Nos hemos drogado con nuestra propia ambición sin haber previsto la cura ni el antídoto. ¿Somos presuntos culpables, de que la vida esté como esté?.

Lunes de reciclaje

17 septiembre, 2007

Pensando en el reciclaje, hoy he recordado con nostalgia el bar de Los Antonios [Antonio él, Antonia ella]. Mis padres [festeros que eran], me llevaban de copas de noche algunos fines de semana, y uno de mis lugares favoritos porque en él hacía lo que me daba la real gana, era ese. Allí eran muy típicas las copas de cava, y eso generaba una cantidad importante de botellas vacías.

Todos los lunes después del cole, bajaba a su bar. Antonio me vaciaba los restos de las botellas, y yo las iba colocando horizontalmente en el carro de la compra de mi madre, una hacia cada lado a modo de puzzle, hasta llenarlo. Luego, atravesaba las calles adoquinadas del barrio, con el tintineo que producía el cristal chocando entre si, hasta llegar al trapero. Allí entregaba mi valiosa mercancía, y aquel hombre [que tanto miedo me daba], contaba los cascos y me ponía en la mano un montón de monedas. Y así, una y otra vez, hasta que en el útlimo viaje, me llenaban el carro con los periódicos viejos de toda la semana y los bolsillos con un puñado de almendras. Al final llegaba a casa, con el carro vacío, sin almendras y con unas 50 pesetas en el bolsillo. Mira, ¡soy rica!, le decía a mi madre, ella siempre se reía. Con el dinero, me dejaban comprarme cromos, un cuento, un juguete o alguna golosina. Por entonces, rondaba los 7 u 8 años, y los paquetes de pipas costaban 1,50 cts…

Siempre he pensado que si ahora en vez de ser una obligación el reciclaje, se siguiera pagando como antaño, las cosas serían diferentes, no nos costaría tanto reciclar, porque el ser humano lamentablemente, hace muy pocas cosas gratis por sus semejantes, ni siquiera por él mismo. Reciclar es importante. Evitamos contaminación, ahorramos materias primas, energía, e incluso espacio. Es una obligación de todos, que se debe inculcar a los menores y que debemos practicar a diario los mayores. Pero a pesar de todo esto, y aunque las empresas de reciclaje generen muchos puestos de trabajo, no dejamos de pensar que otros se lucran con nuestro esfuerzo y buena voluntad. No sé, no es más que un pensamiento, mientras miro el montón de envases que tengo que bajar esta noche a los contenedores…

Dualidad léxica

15 septiembre, 2007

Al despertar, siento una nube en mi cabeza que se torna gris y esponjosa, mientras deja entrever algunos rayos de sol. Después, llueve intensamente, y al final del diluvio se filtra la luz reflejada en olas de crestas blancas moteadas de algas. Es el momento, el preciso instante de guardar silencio. Nada a mi alrededor, sólo el espacio. Torrentes  de energía fluyen bulliciosos hacia la lejanía. Es mi oportunidad. Más tarde, a la deriva, sólo latidos entre la niebla que se interrumpen por los faros en la oscuridad. De regreso a la calma, los tambores suenan lejanos, la marabunta ya no ruge y la niebla se ha disipado, es hora de volver bajo la lluvia y envolverme de nuevo en la nube gris, a esperar otro nuevo rayo de sol.

Si alguien pensara que esto que he escrito puede parecer bonito, que se baje de la nube [gris], y que me lea con los ojos de la realidad:

Me he despertado con la almohada en la cabeza, porque me estaba dando el sol en la cara. Después de ducharme y desayunar me he ido a trabajar. Me estaba durmiendo cuando ha entrado el metro abarrotado de gente y por poco ni me monto. Menos mal que cuando llego a casa me relajo y no tengo que escuchar a nadie más. Es hora de darme otra ducha y de irme con la almohada de fiesta hasta mañana.

Todo depende del cristal con el que se mire, de quien lo escriba o quien lo lea, de quien hable o escuche, de quien lo cuente o quien lo crea. Se vale releer el post.

Hoy he visto un anuncio de Telefónica que no recuerdo haber visto antes. El anuncio en cuestión, promociona el Trío de Imagenio utilizando una familia convencional de cuatro miembros, en la que va mostrando bajo el lema de ¡por fin!: a un padre cansado que [por fin] se sienta en su butaca al llegar a casa, a una madre que [por fin] se relaja al sustituir sus zapatos por sus zapatillas, a un adolescente, que [por fin] se puede refugiar en los dominios de su habitación, y a una pequeña, que [por fin] puede disfrutar de sus juguetes.

Pero la realidad es bien distinta, porque el padre se sienta en la butaca para ver el fútbol, la madre se pone cómoda para hablar por teléfono, el adolescente en su habitación se conecta a Internet, y la niña, puede disfrutar de su programa favorito de dibujos animados.

Que la familia tradicional, la de toda la vida, ya no existe, es obvio. Pero lo que es el modelo moderno de familia, me da la sensación de que tampoco existe, o como que yo lo veo un poco rarito. Familias exiliadas en pequeños habitáculos y compartiendo la vida bajo el mismo techo, es irreal. Se ha roto la comunicación, ya no hay espacios comunes para comentar los pormenores del día, cada uno posee su propio territorio que defiende como un animal salvaje. Los mayores fantasean con lo que no pueden tener y los menores lo hacen por todo lo que consiguen por su cuenta.
He observado cuando hablo con gente muy joven, lo impreciso y reducido de su vocabulario, pero es que viendo ejemplos como este por el televisor, no me extraña lo más mínimo, porque ahora los menores apenas tienen conversaciones con los mayores, con lo cual dejan de aprender y practicar el lenguaje que necesitarán para comunicarse mañana.

¿Quién tiene la culpa de todo esto, la tecnología, que invade todos los hogares y no escatima en medios, para vender sus productos?, ¿o la familia tradicional, que se ha vuelto egoísta y el modelo que ofrece ahora de cara a la sociedad no es el que oferta?. Estas cosas me joden mucho, porque luego no quieren que los homosexuales adoptemos. ¿Acaso el modelo “tradicional” me está demostrando ser mejor?.

Comentarios franquicia

28 agosto, 2007

Somos pocos originales, es la realidad. Leemos noticias, entrevistas, pensamientos de otros y nos los apropiamos repartiéndolos en nuestros espacios, a modo de franquicias de éxito.

Es lo fácil, lo cómodo, lo hacíamos de pequeños y lo seguimos haciendo de mayores, como cuando echábamos “un ojillo” por encima del hombro al cuaderno de nuestros compañeros, para no tener que pensar en un tema de redacción.

La mayoría de nosotros ha dejado de pensar, de esforzarse, de buscar cosas nuevas que nos identifiquen como seres únicos, no buscamos nuestra propia identidad, somos un plagio los unos de los otros. Nos gusta una idea, un comentario, o una frase hecha y la utilizamos en nuestras conversaciones de a diario, y ¡qué bien quedamos!.

Aún nos queda mucho camino por andar, lo malo, es que tengo la sensación de que lo estamos andando al revés, hacia atrás, involucionando. La teconología avanza, pero nosotros no. Sirvan de ejemplo los teléfonos móviles. ¿Alguien se sabe de memoria, pongamos cinco números de teléfono, sin tener que apretar el botoncito de la agenda?.