El arte de la paciencia

12 abril, 2008

LA PRISIÓN DEL YO

Estaba atormentado haciéndose preguntas que sólo trataba de resolver con el intelecto, y así no hacía más que llegar a un desesperante callejón sin salida. Iba a enfermar de angustia existencial y le fue recomendado un sabio con el que consultar. Fue a verlo. Le preguntó:

– Sabio, ¿qué es el yo?
El sabio estalló en una sonora carcajada y después le dijo:
– ¿Y para qué quieres un yo?

Comentario

La mente pequeña se consolida y fija en el pequeño yo, el ego, que es la identificación con el cuerpo, las tendencias mentales, la imagen y la máscara de la personalidad; la mente grande o iluminada está en el Ser, más allá del mórbido egocentrismo y todas sus tendencias egoístas y personalistas. Pero en tanto no logramos un estadio muy elevado de realización, el ser humano se aferra a su pequeño ego y a su esclerótica personalidad de un modo desesperado, y así no dispone de una visión suficientemente despejada para ver lo que hay más allá del angosto escenario de la mente condicionada. Cuando se hace meditación profunda, la persona va retirándose de sus tendencias egocéntricas y va conectando con la raíz de su mente, donde el ego como tal se debilita y la persona está mas en el ser que en el «soy esto» o «soy aquello». Esa experiencia desnuda de ser nos limpia la mente de condicionamientos o deja que la fuerza de los mismos vaya agotándose mediante el poder de la ecuanimidad.

El arte de la pacienciaRamiro A. Calle

→ Post relacionado: Con paciencia y saliva…

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Hoy he pensado largo rato en la paciencia. Entre algunos ejemplos, muchos son los que dicen que es una virtud, otros tantos, que es un conocimiento adquirido y como tal, se puede mejorar con su práctica y estudio. Otros muchos también piensan que es una forma de no violencia y el RAE en su primera entrada dice, que es la Capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse.

Así que después de pensarlo, he llegado a la conclusión, temporal o no, de que la paciencia es una forma de vida y sobre todo en una gran ciudad.

Hay que ser pacientes con los vecinos. Las grandes ciudades albergan muchas etnias diferentes, a cuál más dispar. Tienes vecinos de diferentes razas, costumbres y religiones en tu misma escalera y hay que saber respetarlos para vivir en armonía. Los extranjeros creo que se adaptan antes, porque aprenden y con ello evolucionan, pero nosotros tardamos más, porque desconfiamos de lo nuevo y desconocido, de los cambios, y tendemos a ser conservadores y hacer una comparativa con cualquier otra vida pasada que fuera mejor.

Hay que ser pacientes con todos los servicios. Colas,  apretones y carreras en los transportes, filas interminables de personas en los supermercados, tiendas pequeñas y grandes almacenes. Masificación en las fiestas señaladas. Retrasos, horarios imposibles. Noches sin dormir. Polución, ruido, ruido y más ruido.

Hay que ser paciente en el trabajo. Tus compañeros, tu jefe, tu compromiso, te acompañan muchas horas al día, algunas imposibles de pagar, o de cobrar. Sobrecarga de trabajo y estrés que repercuten en la calidad de los servicios que nos brindamos unos a otros, desmejorando con ello, nuestra calidad de vida al mismo tiempo. Exceso de responsabilidad o de tomas de decisiones. Puestos denigrantes y puestos inalcanzables.

Hay que tener pacienciencia con las relaciones sociales. Los amigos, la familia. Son tu motor, porque tus emociones giran entorno a ellos. De tu paciencia con ellos, depende en gran medida tu felicidad.

Hay que ser paciente, siempre hay que ser paciente. Durante todo lo que hacemos. Desde este punto de vista, es una forma de vida, adquirida o innata, y nos es imprenscindible para sobrevivir. Pero sobre todo, por muy pacientes que seamos,  por mucha paciencia que tengamos, no hay que perder el sentido del humor. Ya lo dice la frase: Con paciencia y saliva… se la metió el elefante a la hormiga.

Se me antoja poner una barrita de audio en un post, con un mp3 que estoy escuchando. No problem, mucha gente lo hace en sus blogs, no puede ser difícil.

Primero me leo las ayudas de los foros de wordpress.com. Así que me voy a GoEar, sigo las instrucciones, me registro y subo mi mp3. Ya hago plas plas¡¡ con las manitas, porque pronto lo podré escuchar.

El resultado:

Hago clic en la barrita, que emoción¡¡, que discreta y pequeñita, mola. Buffering… buffering… Error opening file…, esto no chuta, psé. Me repaso las instrucciones, repito todo el proceso y pienso: – como tenga que repetir todo este tinglado cada vez, ya no me mola tanto.

Nada. Sigue sin escucharse. Visito los blogs de la gente del post y escucho sus mp3. Ya empiezo a mosquearme. Seguro que me he comido una letra, lo repito todo por tercera vez… El resultado siempre es el mismo, buffering, error  y  esto que no suena.

Sigo leyendo otros posts. Me voy a MusicWebTown. Repito el proceso, me registro y vuelvo a subir el dichoso mp3. Copy paste, copy paste, y más copy paste. ¡¡Ya tengo el código!!. Jeje¡¡.

El resultado:

Otro vez el buffering…, más buffering…, pero de suenering… nada de nada. Mis dedos tamborilean en el teclado. El cigarro colgando, el humo en el ojo… Curioseo por ahí. Oh, my god¡ El mp3 sale en Technorati. Me estoy clonando por toda la red. Creo que me voy a dormir. Última oportunidad.

Me voy al Google, ese nunca falla. Leo unas instrucciones. Uhmm… Odeo, este es nuevo, suena a galleta, pero por probar… Bueno, me registro y todo eso, para que enrollarme contándolo otra vez. Llego a la parte en donde he de elegir si hacerme el audio, subirlo a la web, o enlazarlo. ¡No me lo puedo creer!, ¡no tengo la opción para subirlo!. Cojo la pistola de agua del cajón, y me pego dos chorros, son las dos de la madrugada, tiene que ser eso.

¿Pero qué le he hecho yo a este blog?. ¡Si me cae hasta bien!. Definitivamente, me voy a la cama. Porque una se siente ya hasta manoseada, con tanto ‘registro’.

Repite conmigo: Esta barrita de audio, va a sonar… ZzzZzz…